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4 mitos de la traducción profesional

Existen muchos idiomas en el mundo, algunos de ellos con cientos de millones de hablantes monolingües o bilingües. Por tanto, si hacemos caso a las leyes de la estadística, cualquier intento de establecer un negocio de traducción profesional sería inútil. Ya que el número de competidores potenciales puede ser abrumador.

No obstante, una vez te introduces en el sector de los servicios de traducción profesional, se puede observar que, efectivamente hay gran competencia, pero no más que en muchas otras actividades. Desde la empresa de traducción en Sevilla de Traducciones Agora, nos gustaría desmentir algunos mitos creados en nuestro sector. ¿Empezamos?

Se tiene la creencia que la opinión de un nativo es irrefutable en lo relativo a cuestiones de traducción a su idioma materno. Esto nos lleva al primer mito sobre el mundo de la traducción:

Un traductor nativo es infalible

En Traducciones Agora podemos corroborar que, la gran mayoría de nuevos clientes, recalcan que sobre todo la traducción la realice un traductor nativo. Ya que suponen que un hablante nativo es automáticamente el mejor candidato para realizar su traducción.

Pero no siempre es el caso. Si bien puede haber cientos de millones de hablantes nativos de español en todo el mundo (por ejemplo), solo una parte de ellos tiene la capacidad y el juicio que se requiere para decidir si una traducción es correcta dentro de un contexto lingüístico determinado.

Por lo tanto, no se debe asumir automáticamente que un hablante nativo es un buen escritor en su propio idioma, y ​​mucho menos que sea un buen traductor. Por un lado, la traducción requiere un profundo conocimiento de la lengua de origen, así como el idioma de destino.

Cuando en Agorafs contratamos traductores, nunca olvidamos que mientras que un buen traductor es, por lo general, un hablante nativo de la lengua meta, no todos los hablantes nativos son buenos traductores.

El segundo mito sobre el negocio de la traducción tiene que ver con las prioridades de los clientes, y el supuesto de que más que cualquier otra cosa:

Los clientes quieren siempre la más alta calidad

No, no nos hemos vuelto locos, sabemos de lo que hablamos y sabemos que es un tema que crea controversia. Cualquier persona en su sano juicio podría esperar que la principal preocupación del cliente cuando contrata una empresa de traducción profesional es conseguir una traducción de la más alta calidad.

Los clientes quieren siempre la más alta calidad

Te sorprendería saber que estadísticas realizadas a nuestros clientes, desvelan que una gran cantidad de ellos están más interesados en la rapidez del servicio que en obtener una traducción de una calidad excelsa.

Esto no quiere decir que los clientes acepten una traducción de mala calidad a cambio de que sea rápida. Pero sí que es cierto que el concepto de los estándares de calidad en un contexto de negocios es muy diferente al de un contexto académico, y pueden ser eclipsados por las circunstancias prácticas.

Un buen traductor debe estar capacitado para alcanzar la perfección lingüística, para producir traducciones formuladas con una gramática impecable y un estilo magníficamente neutro. Sin embargo, puede no ser del gusto del cliente. De hecho, es probable que haya tantos gustos como clientes.

Por ejemplo, un abogado esperará una traducción de un contrato donde las cláusulas no sean ambiguas y se emplee una jerga legal adecuada. Un fabricante de máquinas requiere visión técnica y un lenguaje técnico. Y el editor de una revista de interés general necesita artículos que simplemente tengan una agradable lectura.

Lo que todos los clientes suelen tener en común, sin embargo, es un respeto por los plazos. Después de todo, cuando un cliente extranjero viene a firmar un contrato, debe haber algo para firmar. Si una revista ha sido anunciada para una fecha, debe estar disponible cuando el mercado lo espera.

En un entorno empresarial, muchas partes pueden estar involucrados en la producción de un solo documento, lo que significa que los retrasos se acumulan rápidamente y pueden tener graves consecuencias financieras.

Por tanto, existen clientes que, si bien quieren un trabajo de calidad, no siempre están dispuestos a sacrificar el plazo por una traducción perfecta. Y no hablamos ya de sacrificar el precio, pero eso ya es otro tema que trataremos en otro artículo.

Esto último nos lleva al tercer mito sobre las traducciones:

La calidad de una traducción se comprueba retraduciendo

Un error muy común es pensar que la calidad de una traducción se puede comprobar haciendo que un segundo traductor la traduzca de nuevo al idioma original (lo que se denomina retraducción). Si la traducción es correcta el resultado final debería ser un texto exacto al original.

La calidad de una traducción se comprueba retraduciendo

Sin embargo, este enfoque no es correcto, ya que de hecho cuanto más pobre es una traducción, más cerca estará la retraducción al original. La causa de esto es que las malas traducciones suelen seguir literalmente la redacción del original, perjudicando la transmisión del mensaje.

No da lugar a la adaptación, las sutilezas y los matices de la lengua de llegada. Las buenas traducciones son aquellas en las que el lingüista ha adaptado el texto para que se lea y se sienta como si se hubiera escrito originalmente en el idioma meta.

El último mito sobre la traducción es frecuente entre las personas que no tienen contacto directo o desconocen el mundo de la traducción, y es que:

Una traducción la puede hacer cualquiera

La traducción es compleja, intrincada y, en ocasiones un arduo trabajo. Continuamente se mueve entre dos lenguas y contextos, sobre todo cuando se trata de información técnica compleja, es una actividad agotadora mentalmente.

Una traducción la puede hacer cualquiera

Un traductor debe leer primero y registrar información de la fuente, construir el significado y el contexto para el texto de origen y entender todos los matices y complejidades del idioma de origen.

Entonces toda esta información no lingüística ha de ser adaptada y presentada de forma precisa en el idioma de destino. Esto significa no sólo tener un excelente vocabulario para detectar frases, metáforas, el tono y la intención; sino también ser capaz de entender la relación entre estas construcciones en 2 idiomas diferentes.

Tener la fluidez necesaria para trabajar con el idioma de origen y el de destino es requisito indispensable para poder entender realmente cómo se debe realizar una traducción.

Por este motivo existe la traducción como una profesión reconocida. Ya que la experiencia necesaria para traducir de un idioma a otro es algo que se adquiere con el tiempo, requiere años de estudio. Por tanto, se necesita algo más que “saber inglés” y pasar “3 meses de verano en Inglaterra”, ¿verdad? ¿Tú qué opinas?

2 Comments

  1. María 19 septiembre, 2016 en 3:12 pm - Responder

    Muy interesante el artículo. Yo soy traductora y estoy muy de acuerdo.

  2. Jorge 3 octubre, 2016 en 9:55 pm - Responder

    Coincido plenamente con vuestro punto de vista: para alcanzar el conocimiento en un campo debemos ir más allá de la intuición o lo que nos dicta el sentido común.

    Por ejemplo, el mito del traductor nativo también se aplica a la formación de idiomas, como muy bien me recalcaron en la asignatura de Metodología y Didáctica. El profesor, ante todo, debe conocer el «proceso» de enseñanza y saber dónde suele equivocarse el aprendiz; no basta con dominar el idioma, se debe conocer los entresijos de este.

    Muchas gracias por el artículo.

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