Formación del léxico en español

El léxico del idioma español está formado por una serie de elementos de carácter muy variado. Es necesario señalar, en primer lugar, un gran número de palabras que provienen del latín, que unidas a las voces prerromanas, como páramo o balsa, por ejemplo, constituyen las llamadas voces patrimoniales de la lengua.

A este conjunto de palabras tradicionales hay que sumar los préstamos que a lo largo de la historia de la lengua se han producido, algo que las agencias de traducción y los traductores debemos tener muy en cuenta.

Por ejemplo, es posible encontrar palabras de origen germánico: buscar, blanco, tregua, guerra, rico. También hay abundantes arabismos: alfayate, hasta, ole, ojalá. Asimismo, catalanismos como: nao, plata, seo; italianismos: belleza, soneto, novela. Galicismos: coqueta, corcel; y palabras provenientes de las lenguas americanas: canoa, tomate.

Es curioso observar que hay palabras que muy pronto se incorporan al léxico de la lengua, mientras que otros préstamos aparecen en una época determinada para desaparecer rápidamente, como sucedió con la expresión de origen francés certes, “en verdad, realmente”.

El léxico de una lengua no es un conjunto cerrado, sino un inventario abierto donde constantemente aparecen palabras nuevas y desaparecen otras.

En un examen rápido de la formación del léxico hispánico se nota que hay épocas en que predominan los préstamos de una determinada lengua: italianismos en el XVI, galicismos en el XVIII.

léxico hispanico

Esta abundancia de palabras con un origen determinado sugiere necesariamente un momento histórico de auténtico auge cultural y político del pueblo en cuestión. Si se analiza la cantidad de palabras nuevas provenientes de lenguas extranjeras que han entrado en el español, se verá que un porcentaje muy elevado responde a palabras de origen inglés: parking, living, hall, que se han incorporado con los deportes y con nuevos aspectos de la vida: el camping, por ejemplo.

Además de los préstamos y de las voces patrimoniales, la lengua dispone de una serie de recursos para aumentar su caudal léxico. Uno de los procedimientos es partir de las onomatopeyas para crear nuevas palabras: de run-run (gruñido de satisfacción que produce el gato) pueden aparecer runrunear y runruneo.

En algunos casos se ha perdido la noción de que una palabra proviene de una onomatopeya. La expresión cazar al ojeo se remonta a la época en que los animales eran espantados con los gritos ¡Ox, ox! hasta el lugar en que se encontraba el cazador apostado. Esta manera de cazar fue “cazar al oxeo”, que, con los la transformación fonética sufrida por la lengua, se convirtió en ojeo, palabra a la que, perdida la conexión con ¡ox!, no fue difícil unir con ojo, tanto por proximidad fonética como por el sistema utilizado en la caza.

Otras veces, la lengua une dos palabras para formar una sola: maniatar, sacacorchos, guardameta; es un procedimiento lingüístico que se conoce con el nombre de composición. Las palabras compuestas pueden sufrir los mismos cambios de significado que las simples; la palabra boquirrubio se aplicó primero a los pajarillos que tenían el pico rubio o amarillo, que eran jóvenes, de ahí pasó a significar “persona inexperta, poco enterada de las cosas”, como los pajarillos de poca edad.

lenguas extranjeras que han entrado en el espanol

Mucho más productivo que los procedimientos anteriores, es el de formación de palabras mediante morfemas de un determinado valor semántico y que se añaden a palabras ya existentes.

El morfema bis- tiene el valor semántico de “dos, dos veces”; dis-, in- tienen un sentido negativo, el sufijo -azo indica el golpe dado con el instrumento que sirve de base a la formación o simplemente “golpe”: tortazo.

Un tipo especial de sufijos, que no introducen una significación nueva, sino que varían el tamaño del objeto, el afecto o el desagrado con que lo considera la persona que habla, lo constituyen los sufijos diminutivos, los aumentativos y los despectivos.

Muchas palabras utilizadas en diminutivo no tienen necesariamente que referirse al tamaño, sino también pueden hacer referencia a la especial visión subjetiva que el hablante les da.

Basta pensar en la expresión registrada en México “¡Pobre; está todo pelechadito!”, que se emplea ante un cadáver, y en la que el afecto se muestra por el uso del diminutivo de pelechar (perder el pelo un animal), y por extensión “morir”.

En cambio, existen algunas palabras que originalmente eran diminutivos, se han lexicalizado para convertirse en unas palabras con un significado independiente. Por ejemplo, mesilla fue originariamente una mesa pequeña, pero hoy es el mueble que se coloca junto a una cama en el dormitorio.

Por tanto, se puede afirmar, sin miedo a equivocarse, que el español (al igual otros idiomas) es una lengua viva que evoluciona constantemente.

Si te ha gustado, te recomendamos también la lectura de la Historia del diccionario.

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